Mi dilema se encuentra en el aire que baja con el mar,
refresca la cara y brilla sobre la cresta que se vuelve a formar;
una sonrisa, combina el llanto a tierna edad
con la dulzura de saber que hoy no supimos la verdad.
El mar, en su ocaso, invita a nadar
pero las olas dejan solo recordar;
el cobijo de los brazos que llamo dilema,
¿llorar? no hay testigo, solo la memoria y la arena.
Sin pena que nazca ni lástima que dar,
queda el sollozo que se guarda entre la luna y el mar;
extrañas son las lagrimas que estallan en la arena,
ni rastro ni vestigio, solo la memoria vaga de un crío.
Si el silencio canta con las olas,
la pena al pasado lleva y trae memorias como la marea arrima la sal,
pero deja la masa recuesta como el hombre de brios tiernos,
que escucha sin quejar, el llanto que empieza a sonar.
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